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14 Las Sanaciones


La integración del espíritu, la mente y el cuerpo se manifiesta funcionalmente por dos entidades: la conciencia y la energía.

La vida es un momento de lo divino y la ciencia moderna se ha formado muchas convicciones sobre la vida; sus prerrequisitos, el modo de actuar, el origen y fin de la vida, pero acerca de “lo que propiamente es la vida, se sabe muy poco”. Lo divino por medio del espíritu que infundio en lo humano, participa de las propiedades esenciales de la vida, la cual está completamente incorporada a lo natural, a lo intramundano. La vida es rítmica por su propia esencia y en todo momento hay una frecuencia de vibración en el campo energético humano. La muerte ejecuta la ley del tiempo que la herencia marca con fecha y hora en forma natural en el reloj biológico, cuyos dígitos la ciencia está tratando de mover, pero con el tiempo las cosas se desvanecen como burbujas de jabón. La reencarnación no existe porque le quitaría la responsabilidad al individuo por los actos de su vida.

El diagnóstico y tratamiento de una enfermedad es todavía un arte, no una pura ciencia. Hay reacciones ligeramente entendidas en la persona enferma. Entre éstas se encuentran los factores psicológicos que son con frecuencia de gran importancia. Cuando la vida del paciente está en peligro, el paciente y su familia buscan refugio en alguna fe. Esta se puede encontrar en la religión, en el médico y ocasionalmente en un charlatán. Desde sus primeros tiempos la medicina ha sido una aliada muy cercana del ejercicio sacerdotal de las religiones, así como también de la hechicería y brujería. A pesar de la presente era científica, un aura de misterio rodea todavía la enfermedad y los métodos para su curación. Aun la gente muy culta acude con frecuencia a creencias supersticiosas e irracionales, tal como se puede constatar en los archivos de la medicina tradicional.

La naturaleza brinda a la vida de cada individuo un presupuesto energético codificado con una debida información desde el momento de la concepción. ¿Cómo disponer de él y conservarlo al mismo tiempo para preservar la vida?

Termodinámicamente el organismo humano vivo se define como un sistema inestable, capaz de reducir su propia entropía, o sea aumentar su orden, a expensas del ambiente. Para restringir la inestabilidad el sistema ejerce un control cinético de producción y gasto de la energía en la medida que se necesita.

La medicina tradicional con el gran poder que le confiere el adelanto científico y tecnológico actual, es la que posee en primer lugar el poder de curar las enfermedades, hecho que no se puede desconocer, y solamente cuando la enfermedad está fuera de su gran poder se debe acudir a otras formas de curación.

La constitución oculta del ser humano a la luz del esoterismo tradicional está formada por un primer principio que es la parte material y visible: gouph, que es el cuerpo físico del organismo complejo; un segundo principio: nephesch, el doble etéreo o cuerpo astral intermedio entre lo precedente y siguiente del campo energético producido por el cuerpo; un tercer principio, el alma, la conciencia, o rouch, que es la esencia misma del ser y corresponde al aparato psíquico; un cuarto principio; el neschamana, que es el espíritu puro.

Los principios del gouch y nephesch se conjugan por el desdoblamiento en el sistema biótico de la energía disponible en energía útil y energía degradada, que determina en qué grado el sistema se ordena o desordena; estados de salud o enfermedad, y es aquí donde los principios de rouch; la mente y el poder espiritual del neshamana, pueden actuar para restaurar el orden y obtener la curación de la enfermedad.

El cuerpo humano es un sistema altamente auto-organizado que obedece a una matriz llamada genoma humano cuyo código ya se conoce. El sistema nervioso tiene la autonomía en el control del cuerpo humano, y en menor jerarquía el sistema glandular, entonces el organismo humano por ser termodinámicamente un sistema abierto que intercambia materia y energía con el medio externo, tiene en el sistema circulatorio el mayor flujo interno de energía, lo que llevó a la conclusión bíblica de que el asiento del alma está en la sangre, por estar presente en todas partes del cuerpo dándoles la vitalidad necesaria.

En la interacción con el medio ambiente corremos el peligro de enfermarnos y de acuerdo con los avances de la biología molecular y la genética, en el genoma humano potencialmente hay genes que nos predisponen a miles de enfermedades. La enfermedad es una disfunción del sistema psico-somático que tiene relación estrecha con el “poder espiritual”.

Hay dos formas de curación; la curación interna, por la irrigación somática producida por la potencia espiritual y o el poder mental, que desbloquea el área afectada por la enfermedad y establece el equilibrio y la salud en todos los niveles de la persona y utiliza el campo energético como instrumento. La otra es la curación externa que se logra con la aplicación de medicamentos y aun con la cirugía. Lo más importante en la aplicación de cualquiera de las dos curaciones, es la fe que acompañe al enfermo en su deseo de vivir.

Científicamente se ha demostrado el “efecto placebo”, para demostrar el gran efecto que produce la “sugestión” en la curación de las enfermedades y el poder que ejerce el hipnotismo, como se indico en la Visión del Mundo al tratar la conciencia.

La curación por el “poder espiritual” no es propiedad exclusiva de ninguna confesión religiosa, ni es demostración para que determinado credo religioso la utilice para mostrarse como el más verdadero. Es con el poder de la conciencia ética que se obtendrán los mejores resultados. De nuevo estamos ante el misterio de la relación entre el “poder espiritual” y la “Energía Disponible”, misterio que es un desafío para la parapsicología y el esoterismo.

Los trastornos psíquicos de los enfermos mentales pueden llevar a los casos más extremos de locura. Si sus causas son orgánicas, el poder mental puede canalizar las energías sobre el área afectada, si sus causas son mentales se contrarrestarán las obsesiones que afectan al enfermo, si sus causas son espirituales el “Pensamiento Edista” arrojará a los terribles espíritus obsesores, aprendiendo a sembrar el Bien, como único medio de no tener que recibir la cosecha del Mal.

La moderna psicología y fisiología científica nos han enseñado que en el organismo humano radica una especie de morada de las emociones, que subyace en el Ello; el subconsciente, que vierte una fuerza psicológica de dos clases; la libido y el tanatos. La primera lleva al amor, al afecto, a la conducta sexual y a la cooperación; el último genera el odio, la agresión y la división. Estamos tentados a llamar a estas dos fuerzas positiva y negativa, pero no son así, sino al igual que el Yang y el Yin del taoísmo, la perfección reside en su óptimo equilibrio. La libido da aliento y el tanatos exterminio y actúan hacia fuera y hacia dentro. Si la libido se dirige hacia dentro, se llega a unos estados narcisistas e hipocondríacos, si el tanatos se dirige hacia dentro, se alcanza el ascetismo y el masoquismo; que contrasta con el sadismo de la dirección exterior. El Yo como elemento organizador del espíritu humano debe actuar para que la función de toda religión consista en alentar la dirección exterior de la libido y la dirección interior del tanatos, sometidas siempre al dominio racional, evitando los efectos irrazonables y las mortificaciones indebidas. Las dos direcciones de la libido y el tanatos se encuentran de manera evidente relacionadas la una y el otro con la propagación y conservación de la especie respectivamente.