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9. El Nuevo Paradigma


Esencia y existencia constituyen a cada ser, que tiene su origen en cuatro causas: formal, material [8], eficiente y final. Las dos primeras de que consta todo ser dan razón de su esencia, en el ser absoluto inmaterial, no las podemos conocer de acuerdo a la ortodoxia indiscutible del Mensaje Divino. Conocemos las otras dos que deriva su existencia.

El Nuevo Paradigma se fundamenta en ser gnósticos [9] en el sentido de la existencia divina y ser agnósticos [10] con relación a su esencia.

En la reseña histórica de cualquier panorama religioso, se aprecia que la sabiduría de cada fe religiosa está limitada por su método y los límites de su propia teología. Sus deidades analógicas, naturales y concretas, han de hallar su fundamento en la elaboración metafísica de Dios, como espíritu puro exento de psiquismo. Las deidades se alejaran cada vez más de la realidad divina al pasar a una conducta superior por el rigor propio de las leyes de su método. Recordemos las prefiguraciones humanas de los dogmas cristianos proyectados en las creencias, en los demonios y en las mitologías. No olvidemos que todo mito disminuye al hombre porque limita en la imaginación la plena toma de conciencia de lo divino.

”A Dios nadie lo ha visto jamás. Juan 1:18. Dios es espíritu Juan 4:24”

¿Qué hombre en efecto, conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? De la misma manera, nadie conoce las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Corintios 2.11.

Santo Tomas de Aquino en la Suma teológica dijo: “Es más lo que no sabemos de Dios, de lo que sabemos de Dios”.

El criterio del filosofo Emanuel Kant sobre el conocimiento de lo divino, tiene un gran impacto en la teología contemporánea. El juicio de Kant determina que es imposible conocer a Dios tal como es en sí mismo, que nosotros somos forzados a hablar de Dios en antropomorfismos, es decir, adoptar a Dios a nuestra realidad humana, que nosotros solamente conocemos a Dios por medio del sentido del deber que tenemos cada uno. Los teólogos de allí en adelante toman por sentado que la crítica kantiana de la religión es válida. Para el cristianismo acostumbrado a ofrecer pruebas tradicionales de la existencia y naturaleza de Dios, es un golpe fuerte la crítica de Kant porque afecta su doctrina y su base epistemológica.

Con la razón y no con la fe, con la lógica y no con la creencia, conocemos la existencia de Dios como espíritu puro por el acto de la creación y orden en el mundo, pero no conocemos su esencia y accionar que llamamos Actividad Sigma, es decir Dios es el espíritu de su propia esencia y acción, pero no sabemos cómo es él y cómo actúa, porque de saberlo seriamos iguales a Dios lo que es un imposible. Sin acudir a la palabra de Dios de las supuestas revelaciones y milagros y aunque Dios se le han dado muchos títulos, filosóficamente tiene su propio nombre: Edas Dei, que significa que “Dios es el Espíritu Divino de la Actividad Sigma”.

El Mensaje Divino nos enseña que no hay criatura humana que reúna las condiciones para la realización del acto cognoscitivo de la esencia y acción intrínseca de lo divino. Acción que llamamos Actionis Sigma; Actividad Sigma: AS, de lo divino. Lo único que podemos concebir a partir de la creación y orden en el mundo es lo nominado: Edas Dei: Spiritus Divinus Actionis Sigma (Edas Dei: Espíritu Divino de la Actividad Sigma), que es el reconocimiento de la existencia de Dios como el primer principio espiritual absoluto de cuanto existe y pueda existir.

Dios como AS es infinito actual y representa su aspecto impersonal o principio único y absoluto y como Edas Dei manifiesta el aspecto personal como infinito potencial.

La AS es como la trascendencia del Tao, es ese estadio en que el Tao es no solo innominado, sino imperceptible, incomprensible e inefable. Lo único que podemos concebir concretamente, es la existencia del "Gran Arquitecto del Universo" por la obra de la creación; es la "Estructura Dinámica de la Actividad Sigma", es Edas Dei.

La AS es como el Tao, que en su estado perfecto y transcendente no tiene nombre. Adquiere nombre al producir los seres, lo que corresponde a Edas Dei. En su estadio perpetúo vive en la calma de su solitario y silencioso reposo. "Con nombre, es Madre de todos los seres". El Tao tiene, pues, dos estadios: el transcendente y solitario en su esencia y el inmanente en los seres dimanados de él por su virtud (Te). En este segundo estadio, hay polinomio de lo divino, puede recibir tantos nombres distintos cuantos seres concretos deriven de él.

Es que lo divino como AS es innominado e indefinido y adquiere el nombre de Edas Dei e identidad al producir los seres. A diferencia del Taoísmo, en el actuar de Edas Dei no hay lugar para el panteísmo, que junto con lo anímico, envenenan a casi todas las religiones.

El único Ser Absoluto es Edas Dei y el Mensaje es su imagen. ¿Cuál es entonces, la imagen que se proyecta de Edas Dei?

De acuerdo al Panorama Religioso, el peligro de lo objetal de las imágenes divinas es que pasan a primer término y pretenden adquirir propia sustantividad. Es de advertir que la imagen representa al objeto, pero nunca es el objeto porque su construcción consiste en dejar algo de lado. Además, un nimbo misterioso rodea a la imagen porque ella adquiere vitalidad y aunque supuestamente haya un justificado papel religioso de la imagen hay también el peligro de su abuso, como lo muestra la historia de las religiones.

La condición sine qua nom de la imagen real del Ser Supremo que se desprende del Mensaje, es evitar las dificultades que no han logrado superar la mayoría de las religiones, a saber: darle vida psíquica a las deidades, fraccionar la divinidad de acuerdo a los poderes mundanos, el pensamiento panteísta materialista y la supuesta revelación para pasar fácilmente de lo finito a lo infinito. Igualmente hay que evitar convertirse en sistemas de idolatría y superstición y convertir el culto divino en fórmulas mágicas para obtener frutos terrenales, que llevan al más primitivo fetichismo.

Para la construcción de la imagen de Edas Dei (Edas Dios) se parte del concepto de que una de las más importantes categorías de la vida es el contraste. Todo lo vital se mueve entre dos límites, lo demasiado y lo demasiado poco, y los estados intermedios se comprenden con relación a los contrastes. Por su gran importancia el contraste invade el terreno del pensamiento y se deja sentir en el mundo de la física moderna, en la repartición social y lo mismo que en la concepción religiosa.

¿Por qué la obra de la creación y su orden necesita de Edas Dei (Edas Dios) un comportamiento exclusivamente personal, si lo personal implica lo psíquico que repugna al espíritu puro?

Necesariamente Edas Dei transciende lo personal, y su imagen se construye por el contraste entre dos estadios, el relacionado con la imagen general y de abstracta universalidad de lo divino como principio único absoluto, como lo misterioso, como lo que no podemos comprender, como lo oculto, como lo innominado, como la esotérica Actividad Sigma, y el relacionado con su existencia que podemos expresar, nominar, que podemos aprehender de las imágenes naturales limpias de lo psíquico. ¿Por qué Edas Dei no puede ser así: ser autor de la creación y su orden y a su vez ser impersonal, si es omnipotente? Es la imagen de lo transcendente hasta ahora nunca considerada, es aquella que misteriosamente goza de los atributos de ambos estadios, pero exenta de lo anímico.

La acción misteriosa de Edas Dei se comprende como si fuese la actuación simultánea entre los dos extremos de un continuo. Esta actuación la podemos entender a partir del modo especial de obrar de lo espiritual, que hace comprensible otro aspecto que a veces surge en la representación de Dios y que está en conexión con lo que precede en todo lo consignado hasta ahora. La actividad espiritual por sí sola es muy distinta de la cantidad de esfuerzo material vital, o considerado como vital. Mientras lo vital, que rápidamente se fatiga, sólo puede actuar rítmicamente, con esfuerzos continuamente emprendidos y nuevamente interrumpidos, la actividad espiritual procede de suyo en un reposo continuo y sin esfuerzo fatigoso. Por eso, para el modo de ver humano, predominantemente vital, la actividad espiritual pasa por ser inactividad que no afecta al sujeto, dado que falta precisamente la vivencia del esfuerzo. En la Doctrina de Laotsé se pone especialmente de relieve la intensa y superior actividad del "no hacer nada" del Tao, de lo espiritual y divino. Otro tanto en el misterioso Apocalipsis: Dios, al que en ninguna parte se describe, gobierna todo el acaecer mundano hasta los últimos detalles, sin que intervenga una sola vez y sin que se refiera un movimiento o una sola palabra de él. Reposo y movimiento, reposo y acción son contrastes inconciliables precisamente sólo en el nivel de lo vital; lo propiamente espiritual está por encima de ellos. Ya en la espiritualidad humana nos hacemos cargo de estas condiciones del ser y comprendemos que, tratándose de lo divino que las trasciende, deben todavía realizarse en mayor grado.

El paso de lo finito a lo infinito es algo superior a nuestra capacidad. Por eso mismo la creación sigue siendo un misterio, como Edas Dei mismo, de ahí que se comprenda que el hombre por sus propias fuerzas no puede elevarse hasta dicho concepto, por mucho que se le haya acercado en tal o cual caso particular. Para pensar la creación de la nada, debe el hombre elevarse por encima de sí mismo y situarse a la altura de Edas Dei como creador y así, como desde su mismo punto de vista, ver el mundo como mera posibilidad, porque la cuestión sobre el origen del mundo exige un desprendimiento del mismo, cosa nada fácil de realizar.

Como creador del mundo, Edas Dei es también el autor del orden cósmico, que hace patente la existencia de dos aspectos; el del orden natural establecido sobre leyes de riguroso cumplimiento y constantemente operantes, y el orden moral que solo el espíritu está capacitado para conocer, que no es sino la suma de las exigencias que la realidad impone al libre comportamiento del hombre dotado de razón y voluntad.

Todo ser humano tiene un poder espiritual, aún cuando no siempre tenga conciencia explícita de ello, pero este poder no es el mismo para todos, es mayor cuanto más impersonalmente se conciba lo divino y por ello hace relación a la fe religiosa que cada uno profese.

El hombre puede llegar a conocer su poder espiritual si conoce sus efectos constantes, porque ese poder se puede ganar o perder, por eso hay unos que aparecen con buena suerte y otros con mala estrella. La ciencia no ha podido descifrar este misterio de las capacidades y disposiciones, porque la potencia no es fuerza o energía vital, significa en el hombre el dominio de lo espiritual sobre lo anímico, sin que ambos factores se distingan con rigor y claridad, pues su principio operativo proviene del sentido de autoridad.

Por encima y más allá de nuestro ser racional, se encuentra la parte última y excelsa de nuestra naturaleza, la cual no encuentra satisfacción con la simple mitigación de las necesidades de nuestros sentidos, impulsos psíquicos o intelectuales, o anhelos, y es allí donde reside el poder espiritual, que ejerce su acción sobre las fuerzas activas y reactivas que determinan la energía disponible a través de la escala de valores de los estados de conciencia.

Al entregarse el hombre a la insinuación misteriosa del poder espiritual, se experimenta así mismo como el que recibe, de esta manera aspira a proporcionarse fundamento y seguridad a su propia existencia, pues ese poder es el halo que rodea la entrada del hombre en la existencia y su despedida de la tierra, el nacimiento lo mismo que la muerte, es la respuesta a las cuestiones que la ciencia no puede responder.

Por eso en la condición presente del género humano, con certeza, sin error alguno y sin ocultar el enigma de lo divino, sobre bases firmes, nos hemos aproximado a la verdadera imagen de Dios, superando las levantadas del fondo conformado por las incertidumbres del mundo mítico.

[8] Forma y materia en la concepción aristotélica del hilomorfismo, corresponden respectivamente a la forma sustancial; que constituye el principio real del ser y determina su esencia, y a la materia prima como la razón de la manera particular como se realiza la determinación esencial del ser por su forma sustancial. La materia primera no puede existir, ni por un instante, sin estar unida a la forma sustancial.

[9] Gnosticismo. - Sistema filosófico, cuyos adeptos pretendían poseer un conocimiento instintivo, misterioso, completo y transcendental de todas las cosas divinas.

[10] Agnosticismo. - Teoría filosófica que defiende la imposibilidad por el hombre de poder conocer a Dios, tanto en lo que se refiere a su existencia como a su naturaleza.