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11. La Actividad Espiritual


El espacio-tiempo desde su origen está animado por la espiritualización y conforme evoluciona se hace cada vez más su presencia hasta producir la hominización11 y su tendencia a la supra conciencia

La génesis cósmica de la espiritualización se sostiene y dirige en virtud de la naturaleza unidual de Edas Dei (Edas Dios), pues por una parte reúne en sus fibras la evolución del mundo en sentido personal y por otra parte en su síntesis es núcleo primero de conciencia independiente y pura, es la divinidad como Principio Absoluto.

Desde el comienzo del mundo, Edas Dei animo la naturaleza con la espiritualización, cuyas dimensiones tomadas en forma analógica como magnitud, son coherentes con las del Universo. Si consideramos el presente del espíritu, podemos examinar su pasado y predecir su futuro.

La espiritualización originada en el momento mismo que comenzó a existir el Universo, es inherente a la ley de la construcción del mundo. Calidad y cantidad están ligadas estructuralmente en la naturaleza, bajo la ley de la conservación y transmisión cósmica en el curso de la espiritualización del Universo. En lo humano se aplican integralmente las leyes experimentales de la evolución.

El ser humano es una unidad compleja que por nacimiento, desarrollo y generación está emparentada con los demás, formando una conexión viva, espiritual, psicológica, cultural, económica, social, religiosa, histórica, etc., que conforma el entretejido humano, cada vez más complejo cuanto más evolucionado es.

Lo espiritual es un estado conjunto que alimenta la biosfera y su potencial es la conciencia. Los cuerpos animados son manifestaciones puntuales de una magnitud que los engloba a todos, que específicamente para los seres pensantes se denomina noósfera.

En el pasado de la espiritualización desde el instante mismo de la Gran Explosión, aparecieron los rudimentos de la conciencia, que fue tomando forma al paso de la organización al dar cuenta que en la molécula existe decididamente algo más que en el átomo, en la célula, más que en la molécula; en el tejido, más que en la célula; en el órgano, algo más que el tejido; en lo animal, algo más que en lo vegetal; en lo social, algo más que en lo individual.

El proceso evolutivo de la vida que tiene su instancia concreta en los genomas expresados en el DNA, es algo verdaderamente irreducible a los elementos aislados que emerge en cada grano ulterior de combinación hacia un nuevo orden, disminuye la entropía12, aumentando el orden, con máximo aprovechamiento termodinámico de la energía disponible, abriendo el camino de la vida.

Ante la creciente complejidad, la conciencia aumenta hasta el nivel humano como un repliegue sobre sí misma, manifestándose la espiritualización como un proceso que revela un paso gradual y sistemático de lo inconsciente a lo consciente y luego a lo autoconsciente como cambio de estado cósmico, donde el espíritu y materia se confunden, son una misma cosa, pero son opuestos. La antinomia entre la conciencia y el cuerpo desaparece al ser un mismo fenómeno.

Al atravesar la superficie de hominización en el paso de lo divergente a lo convergente, el humano sabe que sabe, a diferencia del animal que sólo sabe. Es el “homo sapiens sapiens”.

Compenetrarnos con la espiritualización es admitir su carácter autónomo, interno, espontáneo, coextendido a la evolución misma de la Tierra, que se desenvuelve entre los polos del pensamiento y la energía, que se identifica con el cambio cósmico, que actúa como animando un fenómeno de metamorfosis, que hace que el mundo tienda hacia una mayor conciencia, como algo irreversible que se extiende sin límites, que crece indefinidamente hacia un futuro de superconciencia, que como conciencia diferencial lleva a la aparición integradora de la personalidad.

El todo que ha llegado a reflejarse sobre sí mismo en una conciencia única en el proceso de exteriorización, evoluciona e interioriza, lo que había parecido tan poderosamente homogéneo en su totalidad, deviene en realidad en una petición de conciencias fragmentarias, concentración en forma de monocentrismo. El universo se pliega a través de gradientes de conciencia, donde entre más se profundice aumentan su intensidad hasta llegar al punto de convergencia total máxima de conciencia.

En la increíble complejidad de los mecanismos que condicionan la evolución de la vida, la conciencia no se fija ni se reconoce en sí misma más que de una manera confusa. Es el ciclo de las plantas y animales.

Aparece en la naturaleza la última fase en que nace el pensamiento como rublo importante en el presupuesto de la creación. Es la personalización que ha recorrido un gran trecho a partir de la vida orgánica, muy superior al comprendido entre ésta y la materia inanimada. La actividad espiritual ha entrado en su fase superior integrada en la actividad humana.

La espiritualización ha producido un nuevo cambio de estado cósmico en su poder reductor de la entropía, incremento del orden, es la transformación en el curso del cual la “materia” se invierte, se repliega sobre sí misma, se interioriza, abarca la operación de la historia entera de la Tierra. La sencillez suprema de la espiritualidad produce la prodigiosa complejidad, que en las personas su unión acaba, precisamente por diferenciarlas.

La unión en lo personal y diferenciación conciernen primordialmente con nuestros destinos individuales; la esperanza en la inmortalidad como correctivo ante la muerte, descubrir el centro autónomo y distinto que irradia el pasado y el foco último del porvenir. Todas nuestras dificultades se disipan allí ante el Todo y la Persona, comprendiendo la naturaleza convergente del Espacio-Tiempo, por contener y engendrar la conciencia. El misterio de la muerte es revelado para cada uno, tarde o temprano, cuando llegue la emersión definitiva que lo enfrenta y le concede el ver lo divino cara a cara, tal como es.

Todas las direcciones apuntan hacia un solo punto de poder de síntesis y de organización, de concentración del ser, de naturaleza independiente del Espacio Tiempo y de su convergencia más allá del mismo, más allá de nuestras conciencias, es el gran centro de gravedad espiritual con sus atributos de autonomía, actualidad, universalidad y trascendencia, donde se satisfacen las exigencias supremas con las cuales se teje la evolución, en suma es el efecto divino de la Estructura Dinámica de la Actividad Sigma: Edas Dei. Esta coherencia, es en verdad una invitación a las religiones, para su transformación en la medida de la necesidad de tener confianza en la espiritualización del mundo.

Aunque en el humano se corrompe su cuerpo igual que el animal al desvanecerse la materia y regresar a la naturaleza que le pertenece, las conciencias en las personas se desprenden como un efluvio elevándose con su carga intransferible, y es así dado que el ser humano es energía y conciencia y no puede despojarse nunca de su conciencia, la cual sobrevive a la muerte.

En su analogía con un ordenador, la vida humana está integrada por un software que es su conciencia y un hardware que es su cuerpo, a la muerte sobrevive el software y la actividad espiritual hace que la vida material siga su existencia, pero en forma virtual en la conciencia.

¿Ya que los espíritus son los únicos que conocen por experiencia vivida el destino del ser humano y si somos cuerpo y espíritu y de los muertos existen sus espíritus, por qué no nos podemos comunicar con ellos y evocarlos?

En su acceso a lo divino, la actividad espiritual puede seguir dos vías; la religiosa y la mística. Mientras que la religión separa lo divino de lo humano, la mística, yendo más allá de la religión, aspira a una intima unión con lo divino, como elemento más vital que transciende todas las verdades religiosas para alcanzar una experiencia directa de Dios, que es una intima unión con lo divino.

22La vía mística lleva el sentido interior de la “intuición”, percibiendo cosas ocultas a la razón, recibiendo la “iluminación divina” para “el sentir inmediato de la unidad del sí-mismo con Dios”; el sujeto se conoce como poseedor de la más plena y suprema verdad. Ahora, el misticismo es “espiritualidad”, que recoge en su seno todas las confesiones religiosas bajo un concepto único y universal de lo divino.

El misticismo es entonces, el fenómeno mediante el cual las personas logran conocer aquello que entiende como su dios de manera directa y particular. Muchas veces el misticismo se da a través de conexiones muy íntimas y privadas de la persona con lo espiritual, por lo cual las prácticas y los rituales oficialmente establecidos por las diferentes religiones pueden no ser útiles en todos y cada uno de los casos.

El desafío de la espiritualización está en alcanzar la superconciencia, la perspectiva en el horizonte de futuras generaciones, para el acontecimiento fantástico e inevitable hacia el cual, cada día que pasa, nos va acercando más y más al fin de toda la vida sobre la Tierra cuando la suerte ya no nos favorezca más, será el impacto del gran asteroide, el cataclismo sideral al ser consumidos por algún agujero negro, la agonía del planeta ante la muerte térmica de la gran estrella solar, o el paroxismo producido cuando Andrómeda se fusione con La Vía Láctea, quebrando su estructura y formando una sola galaxia.

¿Estamos solos? Desde el principio de la historia del hombre se ha hecho esta pregunta. Parece improbable que la espiritualidad que acompaña a la materia en el mundo de las galaxias con billones de estrellas y planetas, en un universo con billones de galaxias solo haya producido un solo tipo de vida inteligente, lo que significa que nuestro universo seria un enorme espacio perdido.

Para el nuevo orden mundial, la evolución artificial cada vez más veloz superara a la muy lenta evolución natural. La ciencia y la tecnología del macrocosmos ya han encontrado planetas en diversas constelaciones, que se asimilan al nuestro, lo que nos depara un futuro muy diferente al actual presente.

Para el nuevo orden mundial, la evolución artificial cada vez más veloz superara a la muy lenta evolución natural. La ciencia y la tecnología del macrocosmos ya han encontrado planetas en diversas constelaciones, que se asimilan al nuestro, lo que nos depara un futuro muy diferente al actual presente.

Llego la hora de elevar las anclas y emprender la necesaria travesía a través de la materia oscura y energía oscura del Universo para poblar las galaxias, para que otros sistemas planetarios nos abran sus puertas y nos den su acogida, con la seguridad y certeza aportada por el alto desarrollo del “poder espiritual” de la nueva fe, para lograr grandes estados de conciencia que permitan un optimo rendimiento de la “Energía Disponible”, superando inconmensurables espacios ante la incertidumbre de un Universo en constante evolución.