Dios te gratificará en esta vida y en la del más allá enseñando y distribuyendo sin animo de lucro en tu comunidad el libro Iluminación Divina en la Era de Acuario. Congregacion Religiosa Universal ( C.R.U. )
Redes Sociales Icono Twitter Icono Facebook

6.8. El Cristianismo


Desde la época del neolítico las religiones mistéricas como las de Egipto y Grecia prepararon el camino al cristianismo, y en su formulación más radical, el cristianismo es la más exitosa religión mistérica oriental, siendo el sistema sacramental católico una derivación de las prácticas paganas de los cultos mistéricos.

El cristianismo es así una amalgama de elementos mitraicos (como el banquete ritual, que antecede a la eucaristía), metróacos (el taurobolio como predecesor del bautismo) o isíacos (la pasión y muerte de Osiris que se identifica como origen de la pasión y muerte de Cristo). La similitud de vocabulario se utiliza como una prueba irrefutable de la dependencia del cristianismo de los cultos mistéricos, y esta terminología forma parte de todo el ambiente religioso contemporáneo.

El cristianismo utilizo su herencia pagana, ya que a partir de los siglos IV y V, vemos representaciones de la Virgen con el niño en brazos, a semejanza de Isis con el infante Harpocrátes en su regazo. Puesto que el culto mariano no se basa en los Evangelios, tuvo que nutrirse del simbolismo iconográfico de otras divinidades femeninas coetáneas que gozaban de gran veneración, fundamentalmente del culto a Isis.

En la evolución del pensamiento religioso, el cristianismo se construye sobre las enseñanzas de Jesús, como la del “amor al prójimo” y “no quieras para otro, lo que no quieras para ti”, retomado de lo que siglos atrás enseño Confucio y que son un legado de la sabiduría china. También, la doctrina y moral de Buda ofrece curiosa semejanza con lo que siglos después expone Jesús. El Cristianismo nació como una secta del Judaísmo, más tarde Pablo de Tarso, llamado el apóstol de los gentiles, trastrocó sus fundamentos primitivos al convertir a Jesús, a quien nunca conoció, en “hijo del dios Yahvé de los judíos”.

Brahman es el ser o realidad suprema que salva y trasciende a la trinidad hindú para hacerla supuestamente inteligible y racional. El cristianismo tomo en forma muy ligera los elementos de la trinidad hindú en su afán de darle a Jesús carácter divino, pero olvido incluir un Brahman en su trinidad cristiana, que hace imposible de entender el absurdo de hacer creer que tres es igual a uno, que no se salva ni aun aplicando el teorema de Kart Gödel, de lo que es así y no es así.

El Cristianismo se origina en la época de diversas ideas de Mesías que marcan las culturas antiguas del siglo I de nuestra era en que pululan los héroes Mesiánicos, los cuales tienen como característica común ser gnósticos; poseedores de un corpus de creencias originario de Asia que se fusiona con el helenismo y el judaísmo, y que corresponde en nuestros días a lo que se designa con el nombre de misticismo.

La esencia de la gnosis es la búsqueda del conocimiento trascendental a través de la iluminación para elevarse sobre las pasiones y deseos terrenales, buscando la meta de la realización en una determinada creencia y en la contemplación de Dios.

La temática gnóstica de esa época se mueve en la ascensión del hombre hacia Dios y en el descenso de Dios al Mesías. Su esoterismo se expresa por medio de parábolas que representan los ecos de la religión griega. La creación del mito nace de la espera y la creencia en una divinidad activa, que desemboca inexorablemente en la creación de un personaje extraordinario por regla general de ascendencia semidivina, en este caso el Mesías. Para crear la catarsis y forzar al dios a intervenir, hace falta un sacrificio extraordinario que produce el héroe. Así nacen todos los mitos, el héroe obligado es un hombre hijo de un dios y una mortal.

El héroe es incomprendido por definición y todas sus buenas acciones le valdrán tan solo la ingratitud de los hombres, traduciéndose ahí en el tema fundamental de la gnosis, nadie entiende lo que dice; se acaba así por matarlo o muere en combate celestial y entonces adquiere la inmortalidad, sirviendo de faro celestial para la humanidad y complementando así el ciclo gnóstico.

Así se explica el hecho histórico de Jesús, pues la gnosis impregnó toda Palestina, y los esenios que fueron sus maestros siguieron el mismo esquema, de tal manera que no pudo evitar la corriente gnóstica, pues todo su comportamiento coincide con el de los gnósticos.

El cristianismo se construye sobre las enseñanzas y la imagen adornada de Jesús, la cual ha sido objeto de continuas manipulaciones a lo largo de los siglos, en base a los evangelios canónicos que describen su figura, presentando contradicciones flagrantes al estar formados por un mosaico de fragmentos ajenos, repetidos a menudo tal como figuraban en las creencias originales, ya que Jesús como Sócrates y Buda no dejaron nada escrito.

Si Jesús realmente murió en la cruz junto con los dos ladrones y fue enterrado con ellos en un mismo lugar o en una misma fosa, entonces no fue encontrado en la sepultura esperada por María Magdalena su esposa, con quien tuvo una hija según el evangelio de Judas, y con las demás personas que la acompañaron, lo que las llevo a dar la buena nueva de su resurrección que más tarde se convirtió en leyenda.

El nuevo testamento es el libro sagrado del cristianismo que contiene los evangelios escritos en lengua griega muchos años después de la existencia de Jesús, que contempla lo que la tradición en griego antiguo transmitió de lo que supuestamente él obro en su vida y de lo que se decía que él dijo, ya que él no dejo nada escrito, y lo que realmente él hizo, enseño y dijo en su idioma arameo nadie lo sabe.

Ante esta situación la solución salomónica fue la invención y creación del Espíritu Santo el día de Pentecostés, para hacer creer, que desde entonces, con sus dones divinos ha alumbrado a sus seguidores, para darles la libertad de dar rienda suelta a su imaginación haciendo toda clase de afirmaciones, asignándoles a voluntad carácter sagrado, sobre lo que supuestamente dijo Jesús, pues todo lo que se sabe de él fue de “oídas” en arameo y luego en griego y escrito muchos años después de su muerte.

Se considera como la estafa más grande de toda la historia de la humanidad lo ocurrido en el Concilio de Nicea del año 323, convocado, financiado y supervisado por el Emperador Constantino, para reforzar su poder político con el apoyo de los cristianos para unificar su imperio. Allí se enfrento el sacerdote Arrió, quien defendía la tesis que Jesús como hombre no puede ser Dios por naturaleza, negando la divinidad de Jesús, contra la tesis opuesta de Alejandro de Alejandría, quien como defensor y amigo del emperador, apoyaba su poder político, militar y económico, por lo cual se impuso su tesis sobre la del sacerdote Arrió, exponente y defensor del cristianismo primigenio, autentico original. En este concilio se impuso la fantasía sobre la realidad, la doctrina paulista de Jesús hijo de Dios sobre el cristianismo primitivo, para quien Jesús no era más que una criatura, aunque muy excelsa y eminente, nacía así, de esta apostasía, la Iglesia Católica.

Por lo tanto, para la anterior coyuntura se precisa dar una imagen real de Jesús, basada en análisis históricos, deducciones y reconstrucciones para entender el fenómeno religioso que impulso. De acuerdo a los Manuscritos del Mar Muerto descubiertos en 1949, la estructura y enseñanzas de Jesús le precedieron, pues las tomó de los maestros de la comunidad esenia de Qumrán, lo cual significa que esta secta que nació cincuenta años antes de nuestra era y que desapareció con el sitio de Massada antes del siglo I, se encargo de la transmisión de las creencias del Judaísmo al Cristianismo.

Los cristianos primitivos leían además de los cuatro evangelios canónicos del Nuevo Testamento, treinta y un evangelios, los cuales fueron retirados de la circulación por un decreto gelesiano en el siglo V, por decisión de las autoridades religiosas que seguían la opinión de San Jerónimo. En el evangelio de Tomás encontrado en el Alto Egipto, en Nag Hamodi, en 1945, indica que hubo en el entorno inmediato de Jesús entre sus sucesores, un gnóstico ejemplar que puso en duda el dogma de la encarnación.

Los evangelios canónicos se han esforzado en darle a Jesús el origen predestinado y naturalmente davídico del Mesías. Ante la incapacidad de ponerse de acuerdo sobre cuál de los hijos de David fue la fuente de su ascendencia real, mencionan a José de manera casi forzada como la imagen necesaria, pero carente de vida que es utilizada con el único objeto de proporcionar a Jesús una ascendencia davídica. Los mismos evangelios declaran que José no tomo parte alguna en la concepción de Jesús lo que invalida a priori su capacidad ya dudosa, de actuar como eslabón davídico. Además Herodes el Grande, elimino las genealogías de todas las familias judías, para poner término a cualquier pretensión dinástica y al respecto hay que anotar que en el cumplimiento de esta orden no hay rastro alguno de que se haya efectuado una matanza de recién nacidos, pues todos los actos de Herodes el Grande eran estudiados minuciosamente y se registraron los acontecimientos de su reinado y un hecho así no podía pasar inadvertido. La invención piadosa de la famosa matanza de recién nacidos perpetrada por Herodes el Grande, está destinada a apoyar la idea de una ascendencia regia de Jesús.

Todo parece indicar que José era un sacerdote y María, madre de Jesús, también pertenecía a una familia de sacerdotes, que de acuerdo a la costumbre judía, muy estricta a este respecto, solo podía casarse con un sacerdote. De acuerdo al protoevangelio de Santiago, María era huérfana y determino la existencia histórica de Jesús.

Los evangelios, canónicos o no, carecen de interés al precisar este hecho, y se refugian en el puro mito arguyendo que la personalidad de Jesús es inmaterial, o sea divina.

Hay una deuda ideológica parcial de Jesús con los esenios, que representaron un papel decisivo en la estructuración de sus enseñanzas. El desapego supremo con respecto del reino de la materia, la espera del advenimiento inminente del Reino de Dios y la práctica sistemática del bautismo para la purificación de los pecados del cuerpo y del espíritu, son tres creencias judías heterodoxas que aparecen en las enseñanzas de Jesús.

Jesús era el rebelde que había abandonado a Qumrán, ante el amontonamiento babilónico de ritos que imponían los esenios a sus discípulos, y con su impulso conquistador había emprendido el camino gnóstico de una vida pública que no había sido más que un tejido de traiciones, malentendidos e intrigas. Había intentado abrir para su pueblo el camino hacia un Dios diferente a esa potencia divina, vengativa y guerrera que mantenía la tradición por intermedio de los libros del Antiguo Testamento. Luchaba para derribar el muro inextricable de ritos, prescripciones y prohibiciones, reflejado en los 637 mandamientos del Talmud, cuidado con gran celo por un clero para mantener su poder.

Es inimaginable lo que pudo sentir un hombre que, desde la cruz, había dirigido a su Padre Celestial ese grito espantoso ¿Por qué me has abandonado? para dominar lo que tuvo que parecerle como un terrible fracaso. Pero Jesús poseía la fortaleza suficiente ante cualquiera que fuese la amargura del fracaso, pues no podía renegar de la enseñanza escénica basada en la inmensa apertura del ser a la divinidad y a sus hermanos los hombres. Ahora después de su pasión, su peregrinación le indicaba un puerto para embarcarse fuera de Palestina y desaparecer para siempre.

Jesús fue víctima de un malentendido judío y un malentendido histórico, pues todo el mundo, sus contemporáneos y sucesores quisieron convertirlo en un Mesías, aunque ni una sola vez lo haya dicho que lo fuera, pero fue consciente del papel que se dejo imponer y lo soportó para imponer a su vez el tema gnóstico de la ascensión del hombre hacia Dios.

La posterioridad se encargaría exactamente de lo contrario, el descenso de Dios al Mesías, para otorgarle el título de Hijo de Dios, cerrando el ciclo gnóstico y dando así origen a una religión erigida sobre los cimientos de un personaje enigmático, cuyas enseñanzas y verdadera identidad se entretejen entre los hilos de la exégesis, el análisis histórico, la filología, la tradición y las tesis según las cuales Jesús no fue más que un mito, pues la persistencia espiritual de los antepasados que han vivido hace mucho tiempo y que no se los percibió en su verdadera realidad terrena, que están envueltos por una capa tan espesa de creencias mitológicas, acaban perdiendo su personalidad natural para convertirse en divinidades, ocurriendo incluso que han sido producto de una invención.

Pero, es en el cotejo de las epístolas de Pablo con los materiales encontrados en Qumrán y los Hechos de los Apóstoles, lo que confirma que Pablo con su aparente riqueza, su ciudadanía romana y su natural familiaridad con el sistema reinante, se impuso ante Santiago hermano de Jesús, bajo su principio de la supremacía de la fe relegó a Dios estableciendo por primera vez el culto a Jesús, haciendo de él una especie equivalente de Adonis de Tammus, de Attis o cualquier otro de los dioses que morían y revivían y poblaban el Oriente Medio de esa época.

Para poder competir con esos rivales divinos, Jesús tenía que igualarlos en cada punto y milagro, y es en esta etapa donde se asocian a su biografía los elementos milagrosos incluyendo su supuesto nacimiento de una virgen y su resurrección entre los muertos, que son ante todo invenciones paulinas para convertir al hombre en dios como soporte de la propaganda religiosa en sus proselitistas viajes.

La investigación científica realizada sobre la naturaleza y la fisiología de los desordenes mentales, muestra que hay en el mundo místico delirios de grandeza que son falsas creencias respecto al poder y la importancia de la persona, como la convicción de que la persona posee poderes divinos o que tiene un conocimiento especial que nadie tiene o que está emparentado con alguna deidad, lo cual puede llevar al pensamiento desordenado de sus seguidores y a efectos multiplicadores de alucinaciones y delirios.

Por eso en la evolución arqueológica, el rastreo de los Rollos del Mar Muerto nos enfrentan con la contradicción entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe, y de todas maneras mirándolo desde esta perspectiva comprendemos que el drama del cristianismo se resuelve, no en la figura mitificada del que aprendió a ser el Mesías como uno de los discípulos de la Secta Esenia, sino en el monasterio del Qumrán que es la cuna del cristianismo fundamentalista y en la correspondiente actitud de las iglesias como organizaciones humanas que son, para que se despojen de su ropaje místico y aristotélico y reconozcan y muestren, que sobre el artificio del principio de la supremacía de Pablo, descansa la naturaleza contradictoria de su dogmatismo teológico y el sentido y eficacia de su fe, encastradas en mitos que ya han ido perdiendo para el pueblo su sentido, pues, el cristianismo ha sido oficializado por una iglesia siempre dispuesta a pactar con el mismo Diablo, con tal de conservar sus privilegios y el patrimonio adquirido después de siglos de poder inquisitorial.