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6.6. El Taoísmo


Los chinos contrariamente a los hindúes, no son en modo alguno un pueblo apasionado por lo religioso. Su orden social no se basa en una religión revelada, sino en la ética de Confucio. Mientras la literatura, la pintura y música occidentales se han inspirado muchas veces en la idea de Dios, el arte chino se dedica, sobre todo, a venerar la naturaleza como obra divina.

Para los chinos, el concepto de la imagen analógica, natural y concreta de un dios personal es entre ellos menos frecuente que entre los judíos, cristianos o musulmanes. En la sociedad china, no es generalmente el sacerdote el que desempeña el papel más importante, sino el sabio. Confucio no fue un hombre de carácter monacal, sino un sujeto orientado positivamente hacia la vida y la naturaleza.

Modernamente se dice que los chinos son el primer pueblo que ha “superado” la religión, porque apenas ha habido en ellos casos de intolerancia religiosa y tampoco antes del comunismo, a lo largo de su milenaria historia salvo en algunas épocas aciagas, ha habido guerras o persecuciones cuya causa fuera la religión.

Es que la religiosidad china es una resultante de la combinación de muchos elementos: autóctonos y extraños, racionales y primitivos. Además, conforme a sus diferentes clases sociales, el pueblo chino esta también dividido en el aspecto religioso. La gran masa de la población se adhiere en su mayor parte a supersticiones tradicionales y al animismo, herencia de una cultura china primitiva. La clase culta, en cambio, se atiene a la ética confucionista, y observa rigurosamente las fórmulas tradicionales, lo cual no excluye un ligero matiz de escepticismo.

De este complejo conjunto emergen, cual tres grandes pilares del pensamiento; el confucianismo, el budismo y el taoísmo. El primero; el confucianismo, es menos una religión que un sistema que determina las relaciones humanas dentro del marco de un orden ético ideal. Desarrolladas por Confucio, los preceptos de este sistema desde hace más de 25 siglos han venido regulando todos los aspectos de la cultura y de la mentalidad de los chinos. El confucianismo posee una energía vital porque siempre tiene algo que ofrecer al espíritu humano que busca la verdad.

Confucio afirmo que hay que investigar las cosas y los hechos para hallar la armonía interior y dijo: “¿acaso habla el cielo alguna vez?” y “que es posible practicar el perfeccionismo sin ninguna ayuda del cielo”.

En el confucianismo existen dos conceptos importantes que se conocen como el li y el jen. El li es la norma de conducta por la que se debe regir la gente al vivir. Cuando se esfuerzan por cumplir con el li, “todo se corrige en la familia, el Estado y el mundo”, dijo Confucio, y entonces se efectúa el tao, o el camino del cielo. Pero ¿cómo se ha de expresar el li? Eso nos lleva a otro concepto central de la prédica de Confucio que se resume en una sola palabra, el del jen, que es benignidad humana y amor.

El ideal confuciano, basado en los principios del li y jen, se resume en preceptos como: “Lo que no quieras para ti, no lo hagas a los demás; bondad en el padre, piedad filial en el hijo; gentileza en el hermano mayor, humildad y respeto en el menor; comportamiento justo en el esposo, obediencia en la esposa; consideración humana en los mayores, respeto en los menores, benevolencia en los gobernantes, lealtad en los ministros y los súbditos”.

Todo esto ayuda a explicar por qué la mayoría de los chinos, y aún otros orientales, hacen tanto hincapié en los lazos familiares, en ser industriosos, en la educación y en conocer el lugar que uno ocupa y comportarse como se debe en ese lugar.

Los conceptos confucianos se han grabado profundamente en la conciencia china y de ellos se han apropiado otras doctrinas con diferente matiz, tal como la tan trillada fe, esperanza y caridad del cristianismo. Al respecto algunos sacerdotes jesuitas en el siglo XVI recomendaron al Papa de Roma que Confucio fuera canonizado como “santo” de la Iglesia.

El segundo elemento del pensamiento chino es el budismo del Mahayana, que fue importado de la India con su sacerdocio, oraciones, panteón de dioses de figura humana y esculturas.

El tercer elemento del pensamiento chino es el taoísmo, que no es tan fácil de definir. Para entender el taoísmo hay que pensar que no es un sistema de creencias deslindado de todas las demás que se distinguen por sus límites, su filosofía y su reflexión moral. Hablar del taoísmo es hablar también necesariamente del confucianismo, del budismo y de las viejas y tradicionales formas de la religiosidad china y del modo de ser chino, que no se inquieta ante las otras culturas por las paradojas e ilogicidades.

Lo qué es el taoísmo y su evolución se comprende bien a través de los textos que le dieron origen y cuerpo.

En primer lugar nos remontamos al siglo XII antes de nuestra era, en la religiosidad china antigua que se ha mantenido sin mayores cambios, aparece el aspecto adivinatorio que resolvía las preocupaciones que se refieren a la esperanza de fortuna en la siembra y cosecha y la guerra, que se concreta en el libro Yi-king o Yi-ching, conocido en la China como “El Libro de Las Mutaciones”, donde se formulan elaboradísimos métodos adivinatorios que contiene un antecedente de mucha importancia con relación a desarrollos posteriores, pues contiene la idea de la división del universo entero en dos principios fundadores; el Yin, femenino, negativo, y el Yang, masculino, positivo, que siglos más tarde se incorporaría al taoísmo.

Contemporánea a la doctrina del confucianismo es la del taoísmo, atribuida a Lao tsé, que vivió según tradiciones entre 604 a 531 antes de nuestra era, sobre cuya existencia real existen muchas dudas, escribió el Tao-te king o Tao-te ching, que es el principal libro del taoísmo, donde el tao es sinónimo de “el camino; la senda a seguir”, el te da el “poder o virtud”, y está escrito en versos en un estilo primitivo, carente en absoluto de conjugaciones, preposiciones y otras palabras que unan las frases con otras para aclarar su significado, amén de que el verbo no tiene tiempos y, las más de las veces, no va acompañado por ningún sujeto, todo lo cual lo suple el lector o traductor, hecho por el cual hay interpretaciones de diferentes maneras.

La palabra misma Tao significa por extensión “método, principio o doctrina”. Cuando se aplica al mundo material, el Tao es una manifestación de la armonía y orden cósmico. Es una cierta clase de voluntad o legislación divina que existe en el universo y lo regula. El concepto del Tao aplicado a los asuntos humanos indica que hay una manera natural y correcta de hacerlo todo, lo que le da a cada cosa su lugar y a toda persona su función. Aplicado a los gobernantes exige ritos y sacrificios para que haya paz y prosperidad en la nación. El Tao es el camino que se debe seguir y es elemento central del pensamiento filosófico y religioso chino.

El taoísmo y el confucianismo son dos expresiones diferentes y opuestas del mismo concepto. El taoísmo adopta el punto de vista místico, el camino a seguir que es la inacción, la quietud y la pasividad, es dejar la sociedad y volver a la naturaleza, el confucianismo como enfoque pragmático le interesa el orden social que se mantenga cuando cada persona desempeña el papel que le corresponde y cumple con su deber.

Hacia el siglo III antes de nuestra era, aparece el siguiente libro del taoísmo es el Chuang-tzu, escrito por el maestro Chuang-tsé, quien retomando del libro I ching o Yi king, los viejos conceptos del Yin y Yang los aplicó y para el taoísmo todo lo existente se debe a la acción reciproca de ambos principios, los cuales luchan entre sí constantemente.

La diferencia esencial entre la concepción china del Yin y Yang y los otros dualismos clásicos de la filosofía; luz y tinieblas, el maniqueísmo del bien y el mal, las fuerzas positivas y fuerzas negativas, estriba en el hecho de que estos luchan constantemente, mientras que Yin y Yang, en el fondo, coinciden. El femenino Yin y el masculino Yang son necesarios para el orden cósmico y se completan mutuamente. En tanto se hallan en buena armonía, son buenos siempre. Pero, ¿cómo conseguir la armonía entre estos dos extremos? ¿Cómo se les puede inducir a que abandonen sus rasgos esenciales opuestos y actúen armónicamente para hacer posible el maravilloso orden de la naturaleza? La respuesta de los taoístas es la siguiente: la fuente de su armonía, el origen del orden del universo es el Tao. El concepto del Tao es el núcleo de toda especulación filosófica de los chinos.

El Tao es el “camino de la naturaleza”, “ley de la vida” o “ley universal”. Desde el principio del tiempo, cuando Tai-dji, la “magnitud primitiva” o la “unidad originaria” del cosmos empezó a escindirse en los dos elementos distintos, Yang y Yin, el Tao, que se extiende más allá del mundo visible y del mundo invisible, actuaba como factor integrante. Incluso el cielo obra por medio del Tao; los dioses actúan siempre de conformidad con este “Camino”. Esta concepción del mundo nos recuerda la Gran Explosión, que dio origen al universo y como en la naturaleza intima de la materia los cambios y las estructuras se mantienen a través de fuerzas positivas y negativas, ante la dinámica de los campos, que actúan como el Tao de la naturaleza.

Para tener una idea de lo que el Tao-te king dice al respecto sobre el Tao, veamos el siguiente pasaje:

(Hubo) algo formado misteriosamente, nacido antes que el cielo y la tierra (...)

Puede que sea la madre de miríadas de cosas.

No sé su nombre.

Llamémoslo Tao”.-- Capítulo 25.

“Todas las cosas surgen del Tao

La Virtud (Te) las nutre.

Están hechas de materia.

Las moldea el ambiente.

De modo que las miríadas de cosas respetan a Tao y honran a la Virtud (Te).”--Capítulo 51.

¿Qué deducimos de estos pasajes tan enigmáticos? Que para los taoístas el Tao es cierta misteriosa fuerza cósmica que es responsable del universo. El objetivo del taoísmo es buscar el Tao, dejar atrás el mundo y entrar en unión con la naturaleza.

De el Tao-te king han impresionado profundamente que: “El que lleva en sí el tesoro de la virtud de Tao es como un niño pequeño. No será picado por insectos venenosos, ni atacado por animales salvajes o aves de rapiña”. Y: “El que alcanza el Tao es eterno. Jamás perecerá, aun cuando su cuerpo se descompusiera”.

En el Tao-te king se aprecia que el Tao es el gran principio que custodia el universo. Sin embargo, de buenas a primeras se declara que el verdadero Tao no puede definirse, porque el último y más recóndito misterio de la naturaleza--el misterio de la creación y de la vida--no es algo que puede encerrarse en una palabra o en un nombre. Aunque se trata de la última fuente de todas las cosas, el filosofo Lao-sé afirma: “yo no sé de quién es hijo en realidad este Tao, una imagen de algo que existía ya antes de Dios”. Sea lo que fuere, el caso es que todas las cosas recibieron por medio de Tao la vida y la forma. “Antes de que hubiera cielo y tierra, existía ya algo de nebuloso, silencioso, encerrado en sí mismo invariable, circulando eternamente, digno de ser la madre de todas las cosas”.

El autor del Tao-te king desarrolla la tesis de que el misterio de la vida reside en el conocimiento del Tao. Cuando el hombre alcance su fin -- la armonía con el Tao --, entonces obtendrá la paz y la iluminación. Pero la concordia entre el cielo y la tierra sólo se produce cuando el Tao puede seguir su curso natural. Desgraciadamente, el hombre tiende a seguir obstinadamente el camino que conduce a sus propios fines. En el momento en que interviene, sin que se le llame, en el curso de la naturaleza, perturba el ritmo del Tao y siembra la confusión en el orden del universo. De esta obstinación y este espíritu de independencia manan todos los males que afligen a la humanidad, que sólo podrán ser superados si nos sometemos a la voluntad del Tao y nos convertimos en instrumentos de su ley eterna.

“Deja que todas las cosas sigan su curso natural, y no te inmiscuyas en él. Todo el que se opone al Tao pronto sucumbe”. Cierto que el Tao obra lentamente, pero no por ello se volverá arrogante el sabio, ya que “aunque el cielo no lucha, siempre acaba venciendo”.

Para Lao-tse el Tao es el Ser Supremo, y su imagen se asemeja a la hallada en los Upanishads de la India para su divinidad Brahman, con dos estadios eterno y temporal, sin nombre y con nombre.

El taoísmo recorrió un ciclo evolutivo de lo filosófico a lo religioso y finalmente involuciono cayendo en la superstición.