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6.11. El Vuduismo


Para mucha gente, la palabra “Vudú” trae inmediatamente la imagen de los zombis, que representa el aspecto más publicitario de la religión antigua del África, que fue traída a la isla de Haití por los primeros grupos de esclavos durante el siglo diecisiete. Los zombis son personas cuya “muerte” ha sido registrada, cuyos entierros han sido testificados, sin embargo, meses o años más tarde se han encontrado vivos en un estado de despojo mental.

Ellos no son leyenda, sino un hecho que cualquier persona que haya hecho un estudio serio del vudú lo puede testificar.

A pesar de mucha investigación, nadie, excepto los sacerdotes vuduistas llamados hugans; son ellos mismos los que conocen exactamente como la persona es transformada en una de muerte viva. Pero cuando hay una razón para temer que un cadáver se puede convertir en víctima, su familia toma ciertas medidas para evitar tan horrible acontecer. El método usual es matar a la persona por segunda vez fusilándola o asfixiándola, o enterrándola con el rostro hacia abajo, con una daga en su mano, así puede matar a cualquier hechicero que intente perturbar su reposo. Algunas veces, también, las bocas de los muertos se cosen, porque se tiene la creencia que el difunto se puede levantar de nuevo si contesta a su propio nombre.

Una vez que se ha puesto de pie por el misterioso poder del hechicero, el zombi queda suspendido en la angosta y sombría zona entre la vida y la muerte. Se puede mover, comer, hablar, oír lo que dicen, pero permanece completamente inhibido del pensamiento y sin tener conciencia de su condición, ni tiene memoria de su vida anterior. El zombi adquiere valor como fuente de mano de obra barata, puede ser explotado inmisericordiamente y alimentado con un poco de desperdicios de la comida diaria.

Los zombis se reconocen por su mirada fija y vítrea, sus movimientos lentos y letárgicos. Sus voces, también, son llanas y nasales, un eco de las voces del Guede, que es el espíritu de la muerte de la religión vudú. Solamente una restricción se le impone a la persona dueña de un zombi; a esta criatura nunca se le debe dar sal. Si el zombi consume sal, inmediatamente es consciente de su situación, con consecuencias desastrosas. Se convierte en un poseído con un terrible deseo de venganza, matando a su amo y destruyendo sus propiedades antes de ir en búsqueda de su tumba.

Los zombis son tal vez la manifestación más dramática del arte de la hechicería vudú. Sin embargo, la magia vudú no se origina exclusivamente en África, sino ha sido influenciada en gran parte por la superstición que se origino en Francia, y de allí en consecuencia surgió el vudú.

No hay duda de que la magia negra del vudú está detrás de por lo menos un buen porcentaje de muertes misteriosas que ocurren en Haití cada año. Como en la Europa medieval, con conjuros se intenta matar o perjudicar a una persona que de una forma u otra queda ligada con la ayuda de una efigie o imagen que simboliza a la persona, aunque en Haití esta clase de brujería con frecuencia toma una forma inusual. El brujo se sienta en frente de un balde con agua, evocando encantaciones destinadas a atraer en forma engañosa el espíritu de la persona que desea matar en el agua. Tan pronto como ve la imagen de la persona reflejada en el agua, la hiere a muerte, y si ha tenido éxito, el agua se torna roja.

La hechicería haitiana, sin embargo, es un arma de doble filo. La familia de alguien que haya caído víctima de la magia negra como compromiso de honor, se vuelve contra esa persona haciéndole hechizos con métodos similares y no descansa hasta lograr su venganza. El que causo la brujería vive en constante temor de no ser perdonado por Dios por su crimen y que le retire la protección de la familia loa, o espíritus que dejan a la persona indefensa contra la magia de sus oponentes.

Los hechiceros del vudú generalmente efectúan sus conjuros en solitarios cruces de caminos y en cementerios. La emisión de conjuros de muerte se sucede en secreto, pero la magia vudú tiene armas letales supe naturales que se usa como ayuda. La práctica más terrible se llama “el envío de la muerte”, con la cual el espíritu del falleció se envía para acosar a alguna persona infortunada. Ello produce resultados casi siempre, que afligen a la persona y la adelgaza y le produce hemorragias, a no ser que acuda a un hechicero más poderoso que sea capaz de hacer que el espíritu se libere de esa terrible atadura.

El que una invocación surta efecto o no, depende del terrible Barón Samedi, el Señor de la Muerte. El sacerdote golpea el altar consagrado a dios tres veces con su daga, con fuerte lamento en nombre de dios en cada suspiro. Entonces él es poseído por el Barón Samedi, quien habla a través de su boca y ordena a cualquiera que acuda a él en ayuda, que traiga una fruta al cementerio cada noche. El interesado en la conjura toma una porción de tierra por cada uno de los espíritus que él desea que sean enviados, regándola por el camino que frecuenta su víctima. Tan pronto como la víctima camina por esa senda, la muerte entra en su cuerpo y se efectúa el maleficio.

En un aspecto, el culto vudú se diferencia de las demás formas de adoración en el mundo. La práctica vudú para que tenga éxito tiene que ser cristiana, y no solamente cristiana, sino católica romana. El adorador del vudú quien responde a los llamados de los tambores y asiste a los antiguos ritos en los bosques cada sábado en la noche, firmemente cree que está actuando como un buen cristiano, y cae en una profunda desesperación al siguiente domingo en la mañana, al no obtener la santa comunicación en la Misa.

Esta extraña paradoja es causada por la fusión de las creencias africanas y europeas. El promedio de los haitianos sigue los ritos devotamente de la Religión Católica Romana, que se le impone desde su infancia, pero el vudú llega más al fondo de la persona por la creencia material de lo vivido, que llena los vacíos dejados por el cristianismo.

Esto explica el porqué los dioses naturales, analógicos y concretos del vudú, comparten una identidad común con los santos cristianos. San Patrick, por ejemplo, duplicado como Damballah-wedo, es el dios serpiente, porque la leyenda afirma que Patrick encanto todas las serpientes desde Irlanda; El santo Jaime el Grande es también Oguferaille, el dios guerrero, mientras que San Juan el Bautista es Shango, el dios de la tormenta, y hay docenas de otras deidades. El vudú ha tomado muchos elementos prestados de la liturgia de la Iglesia; escuchando un ritual vudú es casi, en algunos lugares, como escuchar una Misa.

¿Cómo explicar el fenómeno Zombi?

Los zombis son creados por los hechiceros del vudú hábiles en la preparación de drogas que inducen a un estado de coma indistinguible del de la muerte.

El tema de los zombis fue tratado seriamente por las viejas autoridades coloniales, para lo cual hicieron una legislación especial. El Artículo 246 del Código Penal establecía que: También el término intención de matar, por envenenamiento, es el uso de sustancias por medio de las cuales una persona no se mata, pero se reduce a un estado de letargo, más o menos prolongado, y esto sin tener en cuenta la manera como la sustancia fue usada y cuáles fueron sus resultados posteriores. Si, siguiendo el estado de letargo mencionado la persona es enterrada, entonces el hecho será denominado como un crimen. Históricamente el consumo de alcohol y drogas alucinógenas, pueden revelar ciertas posibilidades que no se pueden transformar en realidades, y han servido para aunque sólo sea por unos instantes el mundo físico pueda transportarse al paraíso de un solo salto.

Ante la falsa evidencia positiva del gusto por el infinito, dentro de la psique del hombre existen regiones secretas que se han querido explorar por medios psicodélicos para encontrar la llave que revele esas moradas internas, sobre las cuales los místicos de todos los tiempos y de todas las religiones están de acuerdo sobre su existencia, en la búsqueda de la expansión de la conciencia.

Así no es extraño encontrar en la historia de los Vedas, que el Rig-Veda fue el escrito inspirado en el consumo de Soma, que es el zumo dorado que produjo uno de las más bellas composiciones de la historia de las religiones, siendo uno de los manjares de los dioses el hongo Psilocybe, que dio la paternidad de Soma.

De acuerdo al argumento apoyado en complicadas premisas filológicas, J.M. Allegro, en su obra The Sacred Mushrooms and the Cross (Los Hongos Sagrados y la Cruz), y de quien se hace referencia en el libro "Los escándalos de los rollos del Mar Muerto" de Baigent y Leigh, tratando de establecer la fuente de todas las creencias y prácticas religiosas, afirma que Jesús no había existido nunca en la realidad histórica, que no era más que una imagen evocada en la psique bajo la influencia de una droga alucinante, la psilobicina, el componente activo de los hongos alucinógenos. En efecto, sostiene, el cristianismo, como todas las religiones, provenía de una especie de experiencia psicodélica, un rile de passage ceremonial promulgado por un orgiástico y mágico culto de los hongos.

De esta manera se cuestiona y duda la existencia de Jesús histórico, habida cuenta que hoy en día no se discute ya y se da por descontado el uso de drogas-psicodélicas y de otros tipos, por parte de las religiones, los cultos, las sectas y las escuelas místicas del antiguo Oriente Medio donde se originaron los profetas, un uso también común, entonces y ahora, en el resto del mundo, una llamada “cultura de la droga”, es el uso de la planta sagrada del Yahé, utilizada por los indígenas del Amazonas para limpiar el cuerpo, la mente y el espíritu de todos los males y llegar a Dios por sí mismo. En términos de un misticismo fácil, muestra que “las fuentes del cristianismo están comprometidas con un hongo comestible”.

¿Serán los evangelios llamados “la palabra de dios”, un producto de las drogas alucinógenas en su tiempo?

Eso es precisamente lo que se deduce de las afirmaciones de J.M. Allegro, quien participo en las investigaciones sobre los Rollos del Mar Muerto, que son revelaciones que según Baigent y Leigh han hecho temblar al Vaticano. Actualmente el cristianismo y judaísmo son dos religiones complacientes con el poder terrenal, que ponen más énfasis en las formalidades del culto que en las enseñanzas de sus primitivos maestros. Desvirtúan el significado de los rollos porque ni siquiera soportan que les recuerden aquellas enseñanzas.